Un texto del trovador rosarino Enrique Llopis recuerda al gran maestro fallecido hoy 21 de septiembre a los 97 años. Fecha en que se conmemora el día del artista plástico. Compartimos su historia

¿Murió Carlos Alonso?
Con esa triste noticia desperté esta mañana. Murió el hombre que habitó en Carlos Alonso. El hombre de los mil retratos, de los mil caminos y de tantas miradas sobre el mundo. El artista que hizo de sus colores y sus trazos una manera de contar nuestras heridas, nuestros sueños y la historia de este rincón americano.
Hace años, en 1978, en Castro Urdiales, en casa de Horacio Guarany, pasamos unos días que llevaré siempre en mi memoria, junto a Armando Tejada Gómez y Hamlet Lima Quintana. Días de dolores y angustias que se entremezclaban. Días de nostalgia, de mate, tortas fritas y truco de seis. Días en los que la tristeza encontraba, a veces, una pequeña hendija por donde se colaba la alegría.
He contado alguna vez que jamás olvidaré su mirada cuando nos hablaba de Paloma, su hija que integra esas listas de los que no regresan. Había en sus ojos una tristeza que no necesitaba palabras y, una de aquellas noches, compusimos con Hamlet «Canción para Carlos Alonso». Hoy, al leer la noticia de su muerte, la volví a escuchar.
Y volvieron aquellos días en el norte español. Volvieron aquellos hombres, mis referentes, aquellas conversaciones, el dolor, la nostalgia, las risas, el mate compartido. Volvió Carlos Alonso, con su mirada profunda, sus silencios y esa manera suya de llevar consigo tantas historias. La última vez que hablamos por teléfono y recordamos aquel tiempo, me dijo: “¿Quién iba a decir que aquella foto iba a significar tanto en nuestras vidas, no?“. Se refería a la foto de aquellos días en la casa de Horacio.
Me acaba de llamar por teléfono Marián Farías Gómez. “Ayer Zuhair (Jury), hoy Carlos, estamos quedando solos, Enrique”, me dice con la voz emocionada.
Y me pregunto: ¿murió Carlos Alonso?
Murió el hombre, seguramente. Pero hay hombres que dejan algo de sí andando por el mundo. Alonso dejó sus colores, sus trazos, sus heridas, sus sueños. Dejó una mirada sobre nosotros que ya no le pertenece solamente a él.
Quizá por eso, mientras vuelvo a escuchar aquella canción, siento que Carlos Alonso sigue caminando. Caminando y pintando sus mil retratos, sus mil caminos, sus tantas miradas sobre el mundo.
Carlos Alonso nació en Tunuyan, Mendoza; el 4 de febrero de 1929
Su obra tuvo un marcado compromiso e interés social, incentivado a partir del secuestro y desaparición de su hija Paloma, en la dictadura argentina. Allí comenzó una etapa en que el exilio y el dolor de la pérdida, comenzaron a formar parte de una etapa artística que expresó el dolor y la tristeza profunda
Ingresó a los 14 años a la Academia Nacional de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudió con Sergio Sergi en dibujo y grabado, Lorenzo Domínguez en escultura y Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet en pintura. Compartió sus estudios en dicha academia con otros destacados pintores mendocinos, como Enrique Sobisch y Orlando Pardo. Posteriormente estudió con Lino Enea Spilimbergo, Pompeyo Audivert. Víctor Rebuffo y Lajos Szalay
Recibió su primer premio en el Salón de Estudiantes de 1947, y en 1953 expuso en la Galería Viau de Buenos Aires, lo que le proporcionó los fondos necesarios para, un año después, viajar a Europa, donde expuso en París y Madrid. Durante su visita a Londres de 1961, descubrió el acrílico, técnica que adoptó inmediatamente en su pintura posterior, por su secado rápido, lo que permite estupendos resultados.
En 1951 ganó el primer premio del Salón de Pintura de San Rafael (Mendoza), el del Salón del Norte (Santiago del Estero) y el de dibujo en el Salón del Norte (Tucumán). Ese mismo año plasmó un fresco en Bodega Faraón de General Alvear, que evoca a la vendimia y al Sistema de Vinificación Continua patentado por Víctor Cremaschi. En 1957 fue el ganador del concurso convocado por la editorial Emecé para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha y Martín Fierro (1959), y dos años después obtuvo el Premio Chantal del Salón de Acuarelistas y Grabadores de Buenos Aires. En 1963 se editaron en la Unión Soviética unas tarjetas postales con imágenes de «El Quijote». Para las ilustraciones eligieron a Gustave Doré, Honoré Daumier, Pablo Picasso y Carlos Alonso. Realizó múltiples exposiciones tanto individuales como colectivas junto a artistas como Antonio Berni, Pedroni, Cerrito, Giovanni Bressanini, Monaco, Luis Videla, Robirosa, Horst, etc.
En los años 90 se le encargaron las pinturas para los paneles centrales en la cúpula del Teatro del Libertador General San Martín en la ciudad argentina de Córdoba.
En 2005, en el que la obra de Cervantes cumplió 400 años, el Museo del Dibujo y la Ilustración realizó una muestra homenaje en el Museo Eduardo Sívori de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fueron expuestos grabados y dibujos originales realizados por Carlos Alonso para ilustrar la obra más significativa del habla hispana.
Ha ilustrado, entre otras obras literarias, Romancero criollo, Antología de Juan, La Divina Comedia, El juguete rabioso, Irene, Lección de anatomía y Mano a mano. Es tío del reconocido Gran Maestro de ajedrez Salvador Alonso.
Sus obras se han expuesto en numerosas muestras, entre otras, en la Art Gallery International (Buenos Aires), donde, en 1967, presentó unos 250 trabajos referidos a Dante y a La Divina Comedia; el Museo Nacional de Bellas Artes (México), y el Museo de Arte de La Habana (Cuba), donde realizó una exposición de tapices y collages. En 1971 expuso en las galerías italianas Giulia de Roma y Eidos de Milán, además de en la Bedford Gallery de Londres.

Tras el golpe de Estado de 1976 y la desaparición de su hija Paloma al año siguiente, Alonso se exilió a Italia, y en 1979 se trasladó a Madrid. Dos años después regresó a Argentina, y a partir de ese momento realizó numerosas exposiciones: en la Galería Palatina de Buenos Aires, entre los años 1982 y 1996; en el Museo Nacional de Bellas Artes, de 1990 a 1995, y en otras muchas galerías argentinas, como la Zurbarán o la Bariloche.
Ha recibido en dos ocasiones el Premio Konex de Platino (1982 y 1992) como el mejor Dibujante de la década de la Argentina y en 2012 recibió el Premio Konex Mención Especial a la Trayectoria de las Artes Visuales por su trabajo de toda su vida
Sus series de ilustraciones más conocidas son las que hizo para obras como Don Quijote de la Mancha, los poemas de Pablo Neruda, El Gaucho Martín Fierro de José Hernández, El Matadero de Esteban Echeverría, y El juguete rabioso de Roberto Arlt.
En 1969, se instaló en Florencia para crear su serie «Carlos Alonso en el Infierno», inspirada en La Divina Comedia de Dante Alighieri
En el nuevo cancionero
Fue uno de los destacados adherentes y firmantes del manifiesto del Nuevo Cancionero, el histórico movimiento musical y literario lanzado en Mendoza en febrero de 1963 que buscó renovar la música popular argentina sin fronteras genérícas. Es el autor de la emblemática tapa del disco «Yo no canto por cantar» de Mercedes Sosa. Su compromiso con la cultura y los sufrimientos de la época inspiró obras de otros adherentes, como la «Canción para Carlos Alonso» escrita por el poeta Hamlet Lima Quintana.
Alonso y Unquillo
Carlos Alonso se instaló en Unquillo en 1981 tras regresar del exilio. Allí contruyó su casa y taller en un terreno colindante a la que había sido la última vivienda de su maestro y referente clave, Lino Enea Spilimbergo
Su refugio serrano funcionó como un punto de encuentro y faro para artistas, intelectuales y críticos, y su obra mantiene un lazo permanente con el patrimonio cultural cordobés a través de exposiciones en la región, como las realizadas en el Museo de Arte Contemporáneo de Unquillo (MACU).









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